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Dos nombres propios. Uno con la misma solera de quien se llama Casa Paco y otro con el diminutivo cariñoso de tu primo el del pueblo. Ambos apuntan a ser tu próximo plan para ir de cañas con amigos. Barras que recuerdan a las de toda la vida, con pizarras cargadas de buen producto para tapear ya sea a la hora del aperitivo o a media tarde. Arrancamos con unas chacinas en Malasaña y luego cerramos con unas gildas y unos callos en Chamberí.

Ezequiel (Centro)
Estamos ante un sello de sobrada popularidad en León pero que pasa de ser un restaurante a orillas del famoso Barrio Húmedo de la capital leonesa a un híbrido entre el bar de tapas y la tienda de embutidos en el corazón de Malasaña. Chacinas que traen sabores profundos y auténticos de la montaña gracias a la tercera generación al frente del negocio familiar. Porque el primer Ezequiel -comedor con más de 16.000 reseñas en Google- nace en Villamanín, un pueblo camino de Asturias que no llega al millar de habitantes.
Raciones, vinos, tostas, buen ambiente... Y para qué más. Si una buena cecina (elaborada en en su propia fábrica, fundada en 1945), un platillo de pulpo te apañan y te atreves con la lengua curada, es tu sitio para empezar el aperitivo cualquier fin de semana. Acaban de levantar la persiana en número 13 de la calle Colón. Vaya, vecinos de otro histórico y muy turístico local de la ciudad, La Ardosa. ¿Horarios? Martes y miércoles de 12:00 a 00:00. De jueves a sábado de 12:00 a 01:00 y los domingos de 12:00 a 00:00.

Miguelín (Chamberí)
El bar por antonomasia. Tiene todo lo que le pides a una barra para tapear y además suman un puñado de mesas en la acera ahora que por fin arranca el buen tiempo. Un catálogo 100% castizo sale a escena en formato neotaberna. Torreznos, ensaladilla, bravas, gambas al ajillo y, enlazando con nuestro anterior protagonista, revuelto de morcilla de León. Y un bocado que la casa quieren convertir en superventas. El gustoso Miguelín, un mollete de ropa vieja de cocido madrileño y queso comté.
El que haya tomado asiento y quiera convertir el tapeo en una cocina reglamentaria... también puede. Hay unas albóndigas de receta doméstica, una sepia a la plancha o un rabo de toro al vino blanco y hasta un dúo de arroz y chuleta para dos personas. Con hambre no vas a salir. Mucho entrepan (de su propio versión de bocata de calamares al bikini trufado para ir a la moda) y ese trío de postres que no falta en ninguna carta: torrija, tarta de queso y brownie. Os esperan en Santa Engracia, 57, a las puertas del barrio con más novedades gastronómicas por metro cuadrado en los últimos meses. Sí, el de Trafalgar.
