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Porque el finde cambiamos la hora o porque ya estamos en primavera y hemos dejado atrás semanas de lluvia inéditas. Excusas como cualquier otra para darse un capricho, para entregarse al dulce, para celebrar lo que sea con una tartaleta, un milhojas o un común pero fabuloso croissant.

Galia (Barrio de Salamanca)
El nombre ya ofrece alguna pista. La historia de esta flamante pastelería (con bizcochos recién hechos para el brunch -donde también aparecen bocados salados- y múltiples éclairs para la hora de la merienda) arranca en la exquisita Costa azul francesa, en Beaulieu-sur-Merd. Antes de recorrer media Europa Gia Olszowska vivió su infancia en este pueblo cercano a Niza. Vino a Madrid con ganas de emprender. Encontró el espacio ideal en la zona comercial de Goya (General Díaz Porlier, 3) y llamó sin dudarlo a su amigo y joven pastelero Florent Tortot, que tan pronto saca del horno unas cookies que te arreglan el día como crea un pastel propio jugando con producto de temporada o tira de la vasta sección dulce del recetario galo (del pain perdu a unos chouquettes). Pasión y producto de primer nivel.

Dejó todo un dos estrellas Michelin como Coque para aventurarse en solitario. Aunque realmente solo no está. En este salto al vacío Miguel Yeste se acompaña de Gabriela Vera. Juntos tienen la vitrina más espectacular, por estética y por las fabulosas piezas que exhibe, ahora mismo en Madrid. Es magnética. Escultórica. Todo en esta minimalista y exquisita pastelería gravita alrededor de ella. Aquí guardan sus obras maestras. Pero solo exhiben un par de piezas; la semana que fuimos de paseo por el barrio de Chamberí donde han encontrado el local perfecto para su proyecto tenían una irresistible lemon pie donde juegan con los matices del yuzu y un milhojas de crema.

Alta pastelería de barrio. Irene Amat, tras foguearse en grandes casas como Harrods (Londres), en las cocinas de StreetXO o del histórico Mandarin Oriental Ritz, ha dado el paso y acaba de abrir su propio espacio. Un nuevo templo dulce que llega justo a tiempo para elevar el postre de todas esas comidas familiares de Navidad. Cambiarán continuamente pero ya es difícil escoger entre todos los anzuelos que exhiben esas vitrinas que se visten a diario tanto con piezas creativas como con postres infalibles como una buena tarta de queso, una sencilla pero adictiva cookie o unas magdalenas.
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