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Reseña

El Anfitrión

4 de 5 estrellas
  • Bares y pubs | Coctelerías
  • precio 2 de 4
  • Barrio de las Letras
  • Crítica de Time Out
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Time Out dice

Lo que cuesta distinguirse, no parecerse, tener personalidad propia. En una escena tan movida como la de nuestra gastronomía, tan llena de nuevos bares, conseguir no ser uno más es un desafío. Pues al grupo GLH (Larrumba y Carbón) parece que siempre le cabe un concepto nuevo. Un mes después de abrir el restaurante Chez Madrid, como parte del hotel NH Collection Paseo del Prado, completó la oferta con El Anfitrión, un bar entregado a la hospitalidad. Su lema: "Le estábamos esperando".

En la misma plaza Cánovas del Castillo, se puede acceder directamente desde el hotel o, más efectista, desde una falsa pared al fondo del bistró (francés pero con toques de aquí). El interior, en distintas alturas y con una distribución irregular, juega con la estética de una coctelería clásica y lujosa al tiempo que salón acogedor y cálido. Lo firma Proyecto Singular a base de estampados, maderas, mármoles, butacas de terciopelo y luz intimista. Frente al piano, que suena los sábados junto a saxo y voz, la estación de coctelería, la misma de Sips (Barcelona) pero adaptada por Carlos Moreno, el jefe de barras de Larrumba que, además de prolífico bartender, es un veterano mentor de jóvenes anfitriones. Como Juliette y José, oficiantes del bar.  

"Lo que tiene que ser es una casa, da igual para quién sea", dice Carlos de El Anfitrión. Un primer vistazo revela que entramos en un bar cosmopolita aunque quiera de nuevo tener dejes madrileños. Lo mismo un congreso de americanos que un grupito de chicas francesas. Por lo general, clientes del hotel y del restaurante (a los que se les entrega una tarjeta recordatoria del bar escondido). Estar oculto desde la calle hace que tenga todavía que afianzarse como lugar destino. Más relajado que cualquiera de los otros bares del grupo, anima a que los invitados se acerquen a la estación (una no-barra) a ver cómo preparan su bebida. La escena es como de sala de estar de una casa antes de volver a tomar posición en mesa.  

Se beben también vinos, sangría y vermut (ofrecen uno preparado con cacao y frutos rojos), no solo cócteles, pero algunas instalaciones con copitas decorativas alusivas al Dry Martini anticipan que estamos en un santuario que respeta a los clásicos. Sabiendo que Carlos es famoso por idear cócteles para el público, no para bartenders. De fondo, el jazz de ascensor va dando paso a hits rockeros, de Guns N’ Roses a Los Bravos, pero bajitos. Aquí no se baila a Maluma con un Cosmo en la mano como en Habanera. El Anfitrión es menos alocado, es un bar más formal y señor.   

Otra singularidad es que no es una coctelería de panchitos y gominolas sino que cabe llenar el estómago en condiciones. En horario de restaurante, a partir de las 21:00, se puede acompañar un Bloody Mary o un Daiquiri con una milanesa o unas lentejas. Cuando la cocina descansa, se tira de la carta de barra, con unas croquetas cremosas (7,75 € la media ración), un competente croque monsieur (12,9 €) o una estupenda tortilla de patatas hecha al momento (8 €). Comer en Larrumba no es lo que era.

De la carta de cócteles (13-15 €), una primera parte pretende ser homenaje a creadores de recetas históricas, pioneros a recordar. Incluye un segundo apartado que promueve beber clásicos apenas alterados por el gusto de Carlos, no por su creatividad. Están el Mint Julep, el White Russian, el Sazerac, el Vesper, el Pisco Sour o el Vieux Carre. Entre las fórmulas autorales, ‘Va por ti Douglas’ es su versión nada dulzona del Pornstar Martini, con vodka, cordial de fruta de la pasión y el cava integrado en lugar de en chupito. Tiene el punto amargo del pomelo y el cítrico de la lima kéfir. El Negroni de bresaola y parmesano, amable y gastronómico, tiene una agradable nota salina que rebaja el amargor. El ‘Midtown Manhattan’ es algo más vínico y con más sabor a cereza que un Manhattan corriente. Y el ‘Amante de Venus’ es un Adonis con algo de ginebra que se presenta con unas uvas congeladas y maceradas en falernum. Otro icono ya es la interpretación fresca y genial de Piña Colada, más golosa que dulce, con licor de coco y arroz con leche.

Aunque es el ‘Dry más frío del mundo’ la verdadera marca de la casa. Un Dry Martini tan intenso como llevadero que llega preparado en una botellita dentro de un molde de hielo. Con el twist de limón aparte. Tenerlo ya listo permite dar agilidad al ritual mientras se establece un diálogo entre bartender y cliente. Así éste puede conocer las claves de una dilución de 'agua de ginebra' compuesta por cítricos y botánicos. Una parte más de la hospitalidad entendida por El Anfitrión.

Detalles

Dirección
Pl. Cánovas del Castillo, 4
Madrid
28014
Transporte
Banco de España (M: L2)
Horas de apertura
Lu. a Do. de 16:00 a 02:00
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