Hacía 13 años que no se mostraba en Madrid la serie completa de la 'Suite Vollard' de Picasso. El Museo ICO posee uno de los pocos conjuntos íntegros de estos grabados, elaborados por el artista malagueño e intercambiados al marchante de arte francés Ambroise Vollard por varias pinturas en las que Picasso estaba interesado.
Contemplar la totalidad de la 'Suite Vollard' es una experiencia intensa; significa adentrarnos en Picasso, sus pulsiones, pensamientos e intereses. Dividida en siete grandes bloques temáticos, destacan 'El taller del escultor', en el que enfrenta tradición y modernidad; 'Minotauro', donde plasma una lucha interna entre pasión y angustia; y 'El Minotauro ciego', que encarna una gran crisis existencial bajo la sombra de la incertidumbre.
La intención de establecer un diálogo entre esta histórica serie de Picasso y los grabados encargados en 1985 por el Ministerio de Cultura, en colaboración con Editora Decaro, es loable, pero ciertamente complicada. La 'Suite Vollard' se muestra en una sala, que constituye una exposición por sí misma, igual que las más de 60 obras de 'El grabado en la Colección del Museo ICO', exhibidas en otro espacio. Ambas propuestas presentan fuerza suficiente como para ser independientes, lo que dificulta la posibilidad de establecer conexiones visuales o conceptuales.
Los grabados de la Colección del Museo ICO se complementan con obras en pintura que proporcionan una interesante visión del arte español a mediados de los años 80 del siglo XX. Destacan el óleo de gran formato de Darío Villaba, los luminosos aguafuertes de Manuel Hernández Mompó o los sugerentes aguafuertes de Lucio Muñoz. La muestra incluye otras dos series de grabados, 'Nueve animales nocturnos' de Miguel Ángel Campano y la divertida 'Dadaístas' de Fernando Bellver.
La exposición -o quizá debería decir 'las exposiciones'- demuestra la riqueza de la Colección del Museo ICO, con grandes obras maestras del grabado entre sus fondos, aunque no logra ese interesante diálogo entre sus piezas.