En un local tan pequeño como el callejón que habita, la italiana Nadia Inout hace y vende unos polos que nos recuerdan los colajet, dráculas, frigopies y otras marranadas proustianas. Pero sin el sabor químico que disparaba las papilas infantiles a hacer el baile de San Vito. "Estos polos son un 70% de fruta y agua. Y ya está. Se trituran y se ponen en el molde ", dice. Como el de frutas del bosque y suena creíble: es amargo, ácido y muy refrescante. Lleno de sabor sin ser empalagoso.

Güd Helados
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