¿Esta cafetería? ¿Pastelería? ¿Restaurante de postres? Esta es la casa de la mexicana Maite Otegui. Abierto a finales de 2024, el nombre remite a la hora de su nacimiento y a la conceptualización de la carta: ‘Quería tener 8 piezas de bollería, 8 de pastelería y 8 de postres. Y que hubiera dos clásicas, dos de México porque hay que valorar los orígenes, dos de temporada y dos creativas’, explica. Y, en definitiva, responde que sí a las tres preguntas iniciales.
Con maestría de alta pastelería, Otegui elabora piezas de bollería dulces y saladas como pocas veces habréis probado (¡hojaldre danés con cochinita pibil! ¡Un danés de temporada con níscalos al horno!) y, al mismo tiempo, se preocupa por crear pasteles de autor que reflejan el producto de temporada y su identidad mexicana. Véase un pastel cremoso de calabaza asada, bizcocho especiado y pipas crujientes, o un tres leches de maíz, cremoso y con el intenso sabor del maíz tostado. O un pastel de ponche mexicano.
Aquí se puede comer (dulce o salado) en horario ininterrumpido, y los jueves, viernes y sábados disfrutar de un menú degustación de postres, de dos o cuatro pasos, sentados en una barra frente a un impresionante obrador, apreciando el proceso de elaboración desde cero. Los domingos sirven brunch, con chilaquiles de pollo, frijoles, queso y crema, una pieza de bollería y zumo y café. Y el café de especialidad, de Chiapas, es excelente. Los croissants son de la casa, por supuesto.