Pero hubo un momento, entre los años 50 y los 80, cuando aún nadie moría por ir al último restaurante de moda, en el que Terenci Moix vivía en la
Granja Gavà (Joaquín Costa, 37, T. 93 302 38 45) –ahora ridiculizada en un triste local 'cool' pasado de moda llamado Beirut–, Manuel Vázquez Montalbán pasaba el mediodía en
Casa Leopoldo, García Márquez escribía en el
Mundial, Gabriel Ferrater y Blai Bonet discutían con estudiantes hasta las tantas en el finito
La Gota de Oro de Sarrià, Mercè Rodoreda citaba a sus amigos en el también desaparecido
La Punyalada y en las sillas del
Bauma (Roger de Llúria, 124, T. 93 207 54 31) se sentaba Joan de Sagarra. Si tenemos que buscar un mito reciente, deberíamos ir a la terraza del
Estudiantil (Gran Via de las Corts Catalanas, 592, T. 93 302 31 25), donde el huidizo poeta Miquel Bauçà citaba a su editor, Bernat Puigtobella, para comentar las obras que tenían en cartera. Era la única persona que veía durante semanas, y en el bar no sabían, claro, que allí despachaba el mejor poeta catalán del último cuarto del siglo XX. En el
Cèntric, ahora brillantemente recuperado, tampoco recuerdan que A.G. Porta y Roberto Bolaño sellaron en los 70 una gran amistad, y que el bar terminaría siendo protagonista de 'Los detectives salvajes'. El local no ha cerrado nunca desde que el catalán y el chileno lo descubrieron –Bolaño vivía al lado–, pero ahora se parece mucho a como era hace 40 años. El
Castells debe ser igual a como era cuando el gran autor bebía té para apaciguar el apetito. Por suerte, el Cèntric no es todavía el Deux Magots parisino, albergue de los existencialistas Sartre, Camus y Beauvoir, donde te clavan 20 euros por dos birras.