[Este local está cerrado] Descubrir tesoros como este restaurante es lo que hace de este trabajo algo fantástico. El Piccola Cucina Italiana, nombre elegido en homenaje a las siglas PCI, tiene la huella de Vittorio, italiano de Nápoles, que abandonó una vida acomodada, "de ricos", dice él, para encontrar la esencia existencial llevando el timón de un pequeñísimo restaurante situado en la Floresta. Un restaurante de estética sencilla, pero de cocina enorme, fantástica, donde se pueden comer platos preparados con una delicadeza que nos remonta a la infancia de Vittorio. Cocina que casa con finura los gustos profundos de la tierra del poeta Pasolini con la melancolía.
Hacía tiempo que no salía tan satisfecho de un restaurante y tan placenteramente lleno. Pedí un menú, y lo primero que hizo un hombre que por simpatía se convierte en un anfitrión, fue servirme una copa de Solander, vino de las tierras sicilianas. Me dio tres opciones cantadas con voz de hombre comprometido con su cocina. Yo escogí el menú de degustación formado por un plato con varios entrantes, dos platos de pasta y un postre. Si el stracchino, la burrata y los fagioli all'uccelletto eran magníficos, merecen una mención a parte, por estratosféricos, la caponata y la pasta tibia con pecorino y anchoas. Las pastas resultaron sublimes. Perdonen las palabras grandilocuentes, pero si no las escribo, reviento.
Probad sus tallarines a la boloñesa blanca, o sus espaguetis a la puttanesca, y sean bienvenidos al Partido Comunista Italiano de Vittorio. Con los sentidos en el paraíso, escogí el postre por garganta. Los cannoli eran demasiado contundentes, y me decanté por un babá napolitano, un babá con ron, para que se entienda.
Dice Vittorio que la Floresta es mágica. Pues bien, el Piccola Cucina Italiana es el ejemplo de esta magia.
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