La ensaladilla rusa es una ruleta ídem (el otro día me dieron siete euros por algo normalita en Poblenou profundo!). Disyuntiva: o haces codos para encontrar barra en los lugares de toda la vida, o te sometes a la ruleta de la ración de diseño. Bueno, El Sopapu –los bajos de un cuarto de su casa en la Barceloneta, a una esquina de un superpoblado Jai-Ca– es un bar de tapas de la Barceloneta con todas las de la ley. Ni más ni menos. Me siento en una de las cuatro mesitas altas y voy al grano con mi tetralogía fetiche: cervecita, bravas, bomba y capipota. Me siento recompensado por haber escogido capipota.
Nada de aquel 'remake' a la catalana de los callos; esto es un capipota canónico, rojo y llamativo que te abre el apetito, con un equilibrio perfecto entre gelatina y carne, y un sabor suave, con la picada de almendra y perejil bien presente y que no tiene nada que envidiar a los grandes sitios de desayuno de arriero. Las bravas bien, gracias, y el camarero, Jaume, en lugar de una bomba de carne me la trae de pulpo (trinchado y guisado, no a la gallega, bien buena).
Tiran la caña bien, y Jaume me cuenta que él a los 16 años ya trabajaba en el Vaso de Oro. Y que todo lo que se come -el próximo día caerán los boquerones arrebozados– lo prepara desde cero su madre, Manuela Comino. Un bar de tapas en la Barceloneta, de gente de la Barceloneta y con cocina de la Barceloneta. ¿Verdad que parece extraño?