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Zahara: "Cuando entras en un policlin sientes que tu vida no vale mucho"

La artista de Úbeda acaba de publicar 'Lento ternura', que puede leerse como el reverso de su ya icónico 'Puta'

Borja Duñó
Escrito por
Borja Duñó
Head of Editors, Barcelona
Zahara
Foto: Sony Music | Zahara
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Zahara parece estar en constante movimiento. Después de unos años metida en el torbellino iniciado con Puta (2022), convertido ya en su trabajo más icónico y con algunas excursiones como el proyecto Juno junto com Martí Perarnau IV, ha dado una vuelta de tuerca a su música con Lento ternura, doce canciones que son también un libro y una declaración de intenciones: funciona com el reverso de Puta. Donde había oscuridad y violencia ahora hay la búsqueda de una calma bondadosa. El disco acaba de salir, pero tendremos que esperar a verla en directo el 5 de julio en el Poble Espanyol dentro del festival Alma en un doble cartel con Natalia Lacunza.     

Cuando vivías en Barcelona aprendiste catalán. ¿Todavía puedes hablarlo?

Hablaba muchísimo y me estudié el acento, empecé por ahí. Lo primero fue una camiseta de una amiga que decía Vull llegir y pensé: "Ostras, ¡no puede ser tan difícil el catalán!" y me pegué la primera en la frente. Lo que más me gustaba era el acento, porque yo venía de un acento andaluz, sin eses finales que las tenemos aspiradas, y de repente aquí vocalizar, pronunciarlo todo, la vocal neutra… era maravilloso. Es muy bonito llegar a un lugar y aprender el idioma, me parece que es lo mínimo. Si después puedes tener conversaciones, guay, pero qué menos que entenderlo. Leía mucho en catalán, ¿eh?

Cuéntanos qué es Lento ternura, porque puede ser un lugar imaginario, un estado mental…

Yo todavía no tengo muy claro qué es Lento ternura, porque sí es verdad que es un concepto que me invento cuando empiezo a hacer las primeras canciones del disco y que tienen que ver más con un estado aspiracional de calma, de tranquilidad, pero creo que para alcanzarlo tengo que huir del lugar en el que estoy, del ruido, de la contaminación, del Madrid apabullante y sucio, y creo que está en la naturaleza. Y cuando me voy a la naturaleza, me doy cuenta de que ahí es muy fácil estar en paz. Creo que Lento ternura en realidad es otra cosa, que es conseguir esa calma precisamente dentro de la violencia. Yo al final lo acabo llamando como un estado aspiracional que continúo buscando, que a veces consigo sentir que estoy en él, a veces me vertebra y a veces aspiro a llegar.

Es muy bonito llegar a un lugar y aprender el idioma, me parece que es lo mínimo

¿El disco anterior, Puta, era lo violento y ahora cantas sobre lo tierno? ¿Hay una voluntad de huir de esta etapa?

Lento ternura nace de las cenizas de Puta, claramente. Al principio creo que es un disco escapista, de huir precisamente de todo lo que expuse y a todo lo que me expuse con Puta. Que Puta fue un disco y que será siempre mi disco. Es mi disco. Para mí ha sido un antes y un después y precisamente por eso me permito hacer este nuevo. Porque hablo tanto de la violencia que sufro, pero ya no solo en las canciones, sino también sónicamente. Es un disco oscuro y turbio y violento, agresivo. El propio directo lo era, con una rave en la que lanzaba un discurso político superpotente que reivindicaba los derechos de las mujeres, del colectivo LGTBIQ+ en cada uno de ellos, al final acababa reventada. Y este disco, Lento ternura, nace justo cuando estoy en mitad de la gira de la rave, ya había salido Esto no es una canción política, y me doy cuenta de que no quiero hablar más de eso. Se empieza con una necesidad vital de prestarle atención a lo amable. Porque también creo que por un lado necesitamos exponer esas violencias, pero que si solo vivimos en ellas acabamos también alimentando ese relato postapocalíptico y esa distopía del fin de los tiempos donde somos seres sin alma, que vivimos presas del consumismo y del capitalismo, se va a acabar cumpliendo. Esa profecía la estamos haciendo realidad cuando simplemente la alimentamos. Y creo que a veces poner el foco en otra manera de vivir y prestarle atención a la ternura también nos puede permitir conseguir que esa otra utopía de ser seres amables y de tratarnos con cariño, de escuchar al otro, de bajar la velocidad, también sea posible.

Zahara
Foto: Adrián CuerdoZahara



Contrasta un poco con algunos elementos sucios que también hay en el disco, por ejemplo, la portada, el váter retrete portátil típico de los festivales. ¿Qué representa?

Con el nombre Lento ternura,a lo mejor te imaginas que voy a estar n una cama en el campo. De hecho, no te voy a negar que fue una de las ideas que hubo. Pero queríamos representar era la búsqueda de ese Lento ternura. Primero la materializamos en un libro, donde puedes aspirar a conocer las respuestas del universo, y esa búsqueda está en los lugares incómodos, no está precisamente en lo bucólico ni en lo fácil, sino que alcanzar el Lento ternura es algo complicado. Y donde más complicado te va a ser es en los lugares sucios y en los lugares difíciles. Y lo representamos con uno de los peores sitios en la Tierra, que es el policlin. También lo hago con humor, porque creo que este disco tiene humor y viene representado con esa portada, que para mí tiene mucho de lo que hay dentro del disco, desde el humor, lógicamente, la denuncia, esa contradicción y esa búsqueda de la belleza, pero mostrar la fealdad estéticamente aceptable dentro de las exigencias normativas. Porque hasta sale el policlin, que parece una nave espacial, que es flipante, que dan ganas de meterse en él. Ese en concreto estaba limpio, pero vamos, pocos tan bonitos y tan maravillosos como este. Estoy muy orgullosa de haber logrado, con pocos elementos, mostrar un contenido tan complejo como el que tiene Lento ternura.

Ojalá estuvieran todos así.

Yo entiendo que es difícil, pero sería el ideal, porque sientes que tu vida no vale mucho cuando entras en uno en según qué momentos, en según qué estados, y cómo la gente maltrata ese lugar, que es de uso común. O sea que cuando hablamos de un policlin y todo el mundo tiene ese recuerdo de entrar a un sitio sucio, caliente cuando es verano y le está dando el sol durante horas, que a lo mejor tú estás en un festival, tanto como artista como público, maqueada y preparada para darlo todo, recibirlo todo, y te metes en ese cubículo, dices... ¡guau! Pero es que también, ¿cuántas personas han pasado por ahí que no han cuidado ese cubículo? En el que saben que van a llegar otros con unas necesidades fisiológicas básicas que no se lo vas a dejar en un buen estado, porque claro, no es la propia idiosincrasia del policlin, es el maltrato también que se le da, que me parece muy representativo de cómo somos como sociedad, de que tenemos algo que es de uso también para los demás y… sálvense quien pueda.

'Demasiadas canciones' no es una respuesta a 'Demasiadas mujeres'


Demasiadas canciones es una crítica a la industria musical y a muchas otras cosas. ¿Estás haciendo un juego con Demasiadas mujeres de C. Tangana?

No, no, Demasiadas canciones no es una respuesta a Demasiadas mujeres. Sí que es verdad que cuando empiezo a enumerar cosas y estoy diciendo demasiadas cosas que hay, me doy cuenta de que no puedo decir “demasiadas mujeres”, porque no hay demasiadas mujeres. El contexto de Pucho no tiene nada que ver con el mío. Y además, soy súper fan de ese disco. No es un ataque a él, si es verdad que puede evocarlo, pero porque a mí me viene, en mi propia enumeración, la falta precisamente de mujeres. Claro que hay mucha crítica a la industria musical desde la autocrítica, porque... Yo me acuerdo cuando le enseñé esta canción a mi mánager, que empezó a reír y me dijo, jaja, pero es que más de la mitad son para ti. Y yo, es verdad. Y creo que eso es lo guay también. Cuando pones el foco en algo, hacer el ejercicio de saber cuánto de lo que estás señalando en realidad no tiene que ver más contigo que con los demás. Soy la primera que me lleno de proyectos, soy la primera que saqué mi propio podcast, soy la primera que, si puedo, aprendo a ser DJ y me meto también ahí. Soy la primera que saca una canción que se llama Demasiadas canciones, criticando que hay demasiadas. Y no solo hay una canción, sino que son 12 al final las del disco.

Autocrítica, decías...

Necesitaba un poco reírme de este sistema, porque si no, la alternativa es dejar la música. Y de verdad me lo planteo, en un momento en el que me di cuenta de que son 122.000 lanzamientos los que se sabe que hay... Cuando digo lanzamientos es porque no solo son canciones, hay también ruido blanco, sonidos de la naturaleza, que no solo se publican canciones en las plataformas digitales. Me pregunto cuánto tiempo tendría que durar nuestra vida para solo escuchar una pequeña parte de esa realidad. ¿Cuántos libros no vas a leer o cuántas películas no vas a ver? ¿Cuántas cosas necesitamos tener que no vamos a disfrutar? Estamos rodeados de la acumulación y este diógenes vital, ¿a dónde nos va a llevar? Porque me parece el terror. Cuando me doy cuenta de todo esto digo "no tengo que sacar un disco". Pero ¿realmente tengo que ser yo la que no saque más canciones? ¿No puede ser otro? Creo que hay otras personas que sacan más canciones que yo. Y aparte no es señalar a nadie que deje de hacer canciones, que es una cosa global, no es una persona, o un grupo, o una banda, o un proyecto. Son demasiados proyectos, demasiado todos.

En el disco hay beats hechos por tu hijo.

En este disco he cogido muchos sonidos que tenía a mi alrededor. Hay desde gatos que cantan en un vídeo de TikTok y que me apropio de ellos y les pongo beats que hago en mi casa, hasta sonidos que son mi propio hijo. Justamente en Demasiadas canciones suenan la voz de mi hijo y la mía, pidiéndole que grabara una nota y diciéndole "espera". Y eso, ultraprocesado y transformado, se acaba convirtiendo en parte de la armonía. Justo la melodía de Demasiadas canciones viene de él comiendo pollo tandoori y diciendo "chicken tandoori, chicken tandoori..." Con la voz gangosa de todo el pollo atravesándole la tráquea. Y luego estaba jugando con un sinte muy chiquitito de Teenage Engineering, que son una empresa que hace unos sintes fantásticos, muy fáciles de jugar con ellos, y  él estaba ahí entretenidísimo. Le dije "para, para un momento" y enchufe el mini-jack, lo grabé, y como luego puedes seguir haciendo pequeñas modificaciones, le dije que siguiera jugando, pero por lo menos ya tenía el beat grabado. Toda la canción se construyó con eso, porque es que me pareció alucinante. Es una de las cosas que más me gusta de este disco, que he intentado plasmar todo lo que me rodea. Tener a mi hijo componiendo involuntariamente conmigo esta canción, me parece una de las cosas más tiernas que hay en el disco, justamente en la canción menos tierna.

¿Cuantos años tiene?

Siete. Pero vamos, igual en esta canción todavía tenía seis. Y la verdad es que es muy diver, porque a él le encanta la música desde la curiosidad. Él tiene que encontrar su propia identidad y ahí creo que tiene un pequeño conflicto, pero está aprendiendo a tocar la batería. Así que pronto seguro que como mínimo lo grabo para usarlo en una canción.

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