Nos acaba de dejar el maestro de críticos Marcos Ordóñez, que defendía el género de la comedia como una “opción vital y moral”. Para mostrar las tensiones de la vida contemporánea resulta oportuno visitar el claustro de un instituto conflictivo o, mejor dicho, “de alta complejidad”, siguiendo la broma de los eufemismos que recorre la pieza.
De la dramaturga Eu Manzanares –Dopaland, El mestre i el mar– podemos esperar piezas atentas a las desigualdades de poder, y ahora apunta a las contradicciones del sistema educativo. A su lado, el prolífico director Nelson Valente –El loco y la camisa– vuelve a un terreno que domina, la comedia de situación y los grupos humanos llevados al límite.
















